“He vivido estos 80 años haciendo lo que me gusta”, dijo Oscar Domínguez

“Los Bandoneones de Saladillo son mi segunda familia”

Gentileza: Javier Montebello periodista Diario La Mañana

«No me puedo quejar, porque he sido feliz desde chico… La música me ha dado muchas satisfacciones. Me ha permitido cosechar amigos y conocer grandes personajes. El tango me marcó para siempre y los Bandoneones de Saladillo son parte de mí. Estamos ansiosos que todo esto pase, para volver a reunirnos otra vez.» 

Nació hace 80 años en General Las Heras y la vida, que lo llevó por diferentes caminos, lo trajo finalmente a Saladillo. Y no vino solo. Por suerte, el maestro Oscar Domínguez lo hizo con un bandoneón bajo el brazo. Bandoneón que le dio muchas satisfacciones y lo llevó a crear, hace 17 años, una de las orquestas que es única en su estilo.

«No me puedo quejar, porque he sido feliz desde chico. Fui el primer nieto de mis abuelos, así que imaginate. Mal no la pasé. Tuve una juventud muy bien vivida, a pesar de que me dediqué de muy pibe a la música», aseguró Oscar, que a los 15 años ya tocaba el bandoneón como un profesional.

Precisamente, le tocó la época en que las orquestas de tango estaban en auge y las giras resultaban interminables, pasando meses enteros lejos de la familia. 

Estuvo dos años en Radio Independencia de Tucumán, que por entonces era filial de Radio El Mundo, tocando en locales nocturnos (mal llamados cabarets) y salones de renombre. «En Tucumán éramos 200 músicos trabajando todas las tardes y las noches», contó.

Sin el acompañamiento de la familia, lógicamente, nada hubiera sido igual. Cuando le transmitió a su padre que quería estudiar música, no sólo lo apoyó sino que le pidió que lo hiciera con la misma mentalidad que si hubiese elegido estudiar medicina o abogacía. 

Oscar pasó por distintos conservatorios y también fue autodidacta. Entre otros grandes maestros, lo tuvo a Eugenio Garello. «Uno nunca termina de aprender. Sigo investigando y creando nuevos métodos constantemente, para que tocar el bandoneón sea más fácil. Eso posibilita que los alumnos en poco tiempo aprendan a ejecutarlo», aseguró.

Podría haber elegido cualquier otro instrumento, pero el bandoneón lo atrapó porque tiene misterio y por lo difícil que es para tocarlo. «Siempre me gustaron los desafíos. En un bandoneón, lees la mano derecha y la mano izquierda. Son dos cosas totalmente distintas. Las notas están insertadas de otra manera. Lleva mucho tiempo de aprendizaje y nunca terminás. Yo sigo estudiando todos los días», afirmó.

De gira por el país

Tenía 15 años cuando debutó en su primera orquesta en el Club Almagro de Buenos Aires. «Eran otros tiempos y había trabajo de sobra. Pasé por distintas agrupaciones», recordó.

Al cabo de un tiempo, se sumó a la orquesta de Alberto Echagüe, que hacía poco se había desvinculado de D’Arienzo. En los ’60, con la aparición del Club del Clan, estos conjuntos empezaron a caer y el 90 por ciento de los cantores se independizaron formando cuartetos y quintetos.

Por esos años, Oscar hacía largas giras por el norte del país con Mario Bustos y por el sur con Alberto Echagüe.

«Todos los directores me dieron una mano y me permitieron dirigir distintas orquestas. Cada una tuvo lo suyo y me dejó una enseñanza. La verdad, no tengo predilección por ninguna. Todas fueron muy buenas. En aquellos tiempos, no había músicos mediocres. Tampoco había cantores malos. Se hacían castings muy rigurosos», enfatizó.

En 1975, por un problema en la visión, se alejó de los escenarios. «Me retiré a los 35 años. Pero es un decir, porque en realidad continué ligado a la música», confió Oscar, autor de al menos 400 temas, en su mayoría tangos.

Tiempo después, abrió en Saladillo –ciudad que conoció gracias a su mujer Esther– una sucursal de la empresa de espectáculos Doca-Antena, con sede central en Buenos Aires y filiales en Las Heras y Lobos. 

Esta empresa se encargaba del armado de espectáculos musicales y representación de artistas en toda la región, alcanzado numerosos músicos y eventos que pasaron bajo su representación y coordinación durante poco más de 17 años.

También Oscar se dedicó a enseñar a tocar el bandoneón a muchos chicos, a través de distintos talleres que hoy mantiene de manera virtual, a raíz de la pandemia de coronavirus. Muchos se muestran interesados, pero el problema llega cuando hay que comprar el instrumento. «Para afinar un bandoneón, hoy te sale 300 dólares», precisó.

Los mejores bandoneones que existen en el país fueron construidos entre 1936 y 1938, sobre todo en Alemania. Las marcas más conocidas son Doble A, Premier y Germania. Cuando terminó la Segunda Guerra Mundial, se reabrió la fábrica, pero la sonoridad de los instrumentos rendía un 30% menos. Hubo intentos en Francia y Brasil de recuperar los viejos bandoneones, pero fue en vano. «Los primeros fabricantes se llevaron el secreto a la tumba, como siempre digo», lamentó. Pero gracias al trabajo de los lutieres, muchos de esos viejos bandoneones siguen sonando a la perfección.

“El tango me marcó para siempre”

Un buen día a Oscar se le ocurrió la fantástica idea de crear una agrupación sólo de bandoneones que funcionara como orquesta, algo inédito para la época. Corría el año 2003 y por entonces había en el interior una orquesta de bandoneones en Tandil, pero que también tenía violines. 

«Yo quería algo solamente con bandoneones. Siempre traté de innovar y de hacer al revés de lo que hacían todos. Es la forma de lograr el éxito», expresó.

Luego de dialogar con el recordado Oscar Santanciero, se contactaron con otros músicos y conformaron la Agrupación Bandoneones Saladillo. Empezó con ocho integrantes y con el tiempo se fueron sumando otros, incluso de ciudades vecinas. En todos estos años, Oscar hizo alrededor de 240 arreglos de tangos para la Agrupación, muchos de ellos grabados en los 17 discos grabados hasta el momento.

Casado desde hace 42 años, su mujer constituye un faro en su vida. «Siempre me acompañó en todo. Hemos vivido la vida juntos y muy bien. Y eso me hace muy feliz», confió.

A pesar del aislamiento social, preventivo y obligatorio, sigue vinculado a la música. De hecho, gracias a las facilidades que hoy brindan las telecomunicaciones vía online, conformaron el quinteto La Cuarentena y los temas ya se pueden escuchar por YouTube. 

«La música me ha dado muchas satisfacciones. Me ha permitido cosechar amigos y conocer grandes personajes. Los admiro a todos y no puedo quedarme con alguno en especial. Desde ya que Astor Piazzolla marcó un quiebre, un antes y un después. Empezó como bandoneonista de Aníbal Troilo, a quien también admiro profundamente. He vivido estos 80 años haciendo lo que me gusta. El tango me marcó para siempre y los Bandoneones de Saladillo para mí son mi segunda familia. Estamos ansiosos que todo esto pase, para volver a reunirnos otra vez.»